Tu pareja te puede engañar sin que ni siquiera lo sospeches

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Hay más caminos que nunca para el flirteo y la infidelidad, y más formas de mantenerlo en secreto

Aún no es un término demasiado extendido, pero es probable que se popularice pronto. La infidelidad a distancia o remote infidelity, en la cual los amantes pueden comunicarse incluso en presencia de las parejas oficiales, nunca ha estado tan difundida como hoy en día. No se trata simplemente de un producto de los adelantos tecnológicos, sino también, de la impunidad que estos favorecen. Como explica la periodista Janet Steen en un reciente artículo publicado en Salon titulado “Te estoy engañando ahora mismo”, estamos hablando de la infidelidad emocional en la que, aunque los adúlteros no lleguen a encamarse, la conexión con otra persona adquiere tintes románticos, lo que hace que sigan teniendo la conciencia tranquila incluso aunque traspasen ciertos límites que en la comunicación cara a cara nunca habrían transgredido.

Sin que tú lo sepas

Las relaciones personales del siglo XXI implican un menor compromiso tanto emocional como meramente presencial. También ocurre con la infidelidad. Si en un pasado el encuentro entre amantes hacía necesario concertar un período de tiempo en la jornada diaria, un lugar fuera de la vista de los conocidos e intentar que entre cita y cita no hubiese ninguna desagradable sorpresa, ahora el engaño es sencillo y al alcance de todos. Debido a que nos comunicamos continuamente con nuestro móvil, incluso en la mesa mientras comemos la cena o cuando charlamos con nuestra pareja, no es nada descabellado introducir un mensaje subido de tono entre correo y correo. Como explica Steen, “hay más caminos que nunca para el flirteo y la infidelidad, y más formas de mantenerlo en secreto”.

Podemos engañar a nuestra pareja sin salir de la cama... en la que nos acostamos juntos. (Corbis)

¿Quiere ello decir que todos llevamos un infiel dentro, y que sólo la posibilidad de ser descubiertos es lo que nos detiene? Como señala en dicho artículo la veterana sexóloga Helen Fisher, autora de libros como Por qué amamos: la naturaleza y la química del amor romántico (Holt Paperbacks), “si estás corriendo para marcharte de la mesa con tu familia para chequear el correo electrónico, es que está afectando a tu relación”. Si el número de infidelidades ha aumentado durante los últimos años, ha sido gracias a esto.

La psicóloga considera, no obstante, que existe un factor aún más importante para este repunte de las infidelidades: la incorporación de la mujer al mercado laboral. Aunque suene misógino de entrada, la explicación no lo es tanto. En un pasado, la mujer se quedaba cuidando de la casa y de la familia mientras que el hombre acudía al trabajo, donde las posibilidades de echar una cana al aire eran reducidas por mera cuestión estadística. Si tanto hombres como mujeres trabajan lejos del hogar, los encuentros entre parejas de ambos sexos como las posibilidades de esconderse de las exigencias de la relación se multiplican.

Eres tan bella cuando escribes en el WhatsApp…

El amor a distancia favorece también la sublimación de la persona deseada, con la que no nos vemos obligados a convivir –ni siquiera en clandestinidad–, pero con la que nos sentimos muy cercanos. La infidelidad virtual son todo ventajas, puesto que la mayor parte de aquellos que incurren en ella ni siquiera la considerarían infidelidad. Como explicábamos recientemente, el rasero es distinto para cada pareja y también para cada persona, por lo que intercambiar unos inocentes mensajes –un guiño por WhatsApp, un correo electrónico que termina con “un beso muy fuerte”– mantiene la conciencia tranquila de quien lo escribe, por mucho que, bajo ninguna circunstancia, dejaría verlos a su pareja, puesto que en algún lugar de su ser entiende que son transgresiones que no se deberían haber cometido.

Mandarte mensajitos con otra persona hace parecer que es algo entre tú y ella, aunque lo hagas en presencia de otros

El fenómeno principal que veo con la nueva tecnología es el papel de los mensajes de texto, tanto en las infidelidades como en las relaciones en marcha”. Se trata de una peculiar forma de comunicación tan poderosa sentimentalmente como la vieja epístola, pero tan cotidiana como saludar a un vecino  en el rellano de casa. “Funciona como una modalidad enormemente íntima e inmediata, llena de posibilidades para la conexión, pero también para la incomprensión, el daño y la traición”.

¿Es ese guiño que hemos recibido en el móvil un simple detalle gracioso o una proposición? Debido a que estamos fuera de la vista de nuestra familia, amigos, compañeros, hijos y conocidos, seguimos tirando del hilo. Aunque no estemos dispuestos a acostarnos con la otra persona, nos gusta sentirnos deseados. Y así se enrolla poco a poco la madeja de la infidelidad emocional a distancia: “Mandarse mensajitos hace que parezca que es algo simplemente entre tú y la otra persona, como si te estuviesen susurrando al oído, pero se suele hacer en un aparato, a menudo en la presencia de otros, con la ilusión de ser invisible”, añade Moore. El problema es que, aunque lo olvidemos, ni somos invisibles ni la infidelidad deja de serlo sólo porque no se lleve a la práctica de forma física.

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